LA CONSCIENCIA DEL CARÁCTER. UN ABORDAJE PSICOTERAPÉUTICO

30 jun. 2016

Nuestra identidad, nuestro yo, se va forjando desde el período más primitivo (en el útero materno), hasta todas las situaciones y relaciones que conforman nuestra realidad actual. Cada una de las etapas evolutivas y la manera en que cada persona las vive, van creando los mecanismos de nuestro carácter, que definirán la forma en la que nos desenvolvemos.

Las ETAPAS más importantes las divido en:

  • Embarazo y parto: el tipo de embarazo, la relación con la madre y su entorno y el parto, influyen y mucho, en el desarrollo posterior del niño. 
  • Crianza: los primeros meses serán clave para la formación de la personalidad. Aquí, tendrá mucho que ver el tipo de apego que exista entre los padres y el bebé. La lactancia, ayudará a crear ese vínculo y a que el niño pueda empezar a sentirse más “seguro” y protegido en este mundo.
  • Infancia: en esta fase el niño empieza a darse a conocer al mundo, con lo que además de las relaciones parentales, también será importante el contexto social en el que viva a la hora de empezar a crearse una identidad propia.
  • Adolescencia: tiempo de cambios internos, cuestionamientos y necesidad de autoafirmación.
  • Vida adulta: última fase en la que el carácter y la personalidad ya están definidos, pero donde las preocupaciones empiezan a surgir pudiendo desestabilizar el equilibrio interno afianzado durante los años anteriores.

Una vez conocidas estas etapas, ya estamos en disposición de entender que nuestro carácter, para poder dar respuesta a cada una de las etapas, va creando toda una serie de mecanismos de defensa (coraza del yo) que por un lado, nos libran de la conciencia del sufrimiento, pero por otro, todos los elementos traumáticos y disfuncionales que se reprimen, los va almacenando en nuestro cuerpo, influyendo de forma inconsciente en nuestra vida y en nuestras relaciones.

Mientras todos esos mecanismos soporten la presión interna y el estrés del exterior, podremos mantener un cierto equilibrio. Pero cuando nuestra “coraza” se desajusta por algún elemento actual que nuestro “yo” es incapaz de soportar, entonces comienza a aparecer la enfermedad y los síntomas de sufrimiento emocional.

Para poder llegar a aliviar esos síntomas y restablecer dinámicas vitales saludables, la psicoterapia que se realice, por una parte, deberá ser capaz de entender tanto los condicionantes históricos que han conformado la parte inconsciente y caracterial de la persona, como su realidad actual. Y por otra, conseguir que la persona pueda ir siendo consciente de su ser, de manera que entienda e integre los motivos que le han llevado a esa situación para poder así empezar a tomar el control de su vida.

Existen diferentes líneas de trabajo, pero con la que yo me siento más identificado es la PBC (Psicoterapia Breve Caracteroanalítica), que deriva de la corriente psicodinámica y que ha sido sistematizada por Xavier Serrano. Este enfoque, consigue desbloquear esas partes inconscientes que están provocando el síntoma, a través de diferentes técnicas psicocorporales y dotando de herramientas a esa persona para que pueda manejar de forma óptima todos esos condicionantes que le han estado influyendo.


Llegados a este punto y con ganas de contaros al detalle esta forma de trabajo, os espero en mi próximo artículo.

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