OLÍMPICAMENTE

1 sept. 2016

- La psicología deportiva en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 -

Una vez concluidos los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, es el turno de analizar algunos de los factores que han llevado a la Delegación Española a conseguir los segundos mejores resultados de su historia (según el medallero oficial). Resultados, que también nos dejan momentos e imágenes que serán difíciles de olvidar por su espíritu de esfuerzo, entrega, superación y compañerismo.

Hablamos de unos Juegos, que no sólo destacan por los buenos resultados obtenidos, sino por todo el gran proceso y rendimiento que los atletas españoles han tenido durante el torneo olímpico, independientemente de conseguir medalla o no.

En esa mejora, la psicología deportiva ha tenido un gran papel. Y es que, si por algo se han diferenciado estos Juegos de los anteriores, ha sido porque esta disciplina ha empezado a cobrar más peso dentro de la preparación de los atletas. La prensa, los aficionados, pero sobre todo los propios deportistas como Ruth Beitia, Carolina Marín o el equipo de Gimnasia Rítmica han destacado la figura del psicólogo del deporte como un factor diferencial en su rendimiento, y como consecuencia, en sus respectivos triunfos.

Ahora bien, a pesar de que la repercusión es cada vez mayor, nuestro trabajo todavía sigue siendo un gran desconocido. Por eso y con el objetivo de aportar un poco más de luz sobre aquellos elementos con los que trabajamos y conseguir que se valore todavía más nuestra influencia en el terreno de juego, os detallo a continuación los factores y herramientas psicológicas que han formado parte de estas Olimpiadas y que han servido a nuestros atletas para mejorar en sus competiciones.

1. Motivación, sin presión: era una oportunidad única para la gran mayoría, una fuente intrínseca potente de motivación. Vimos deportistas sin tensión, con ilusión, compitiendo por superarse a sí mismos y con una orientación hacia el éxito: en lugar de competir para evitar perder, jugaban pensando en todo aquello positivo que les podía suponer ganar.

2. Concentración: sobre todo en los deportes individuales como el bádminton, tenis, salto de pértiga, natación… la concentración es clave. En estos casos, se entrena para poder atender sólo al estímulo que tienes delante, anticiparte a la competición mediante visualizaciones del juego y centrarte en el presente obviando los resultados anteriores o acciones futuras.

3. Activados, pero no tensos: alcanzar un punto óptimo de activación en la competición, es otro de los objetivos importantes. Conseguir que el deportista presente una activación mental y fisiológica justa para mantenerle preparado y alerta, pero sin que la tensión corporal o el bloqueo mental le condicionen en su juego.

4. Autodiálogo y autorefuerzo: si vemos las actuaciones de Rafa Nadal, Ruth Beitia o Carolina Marín, entre otros, podemos observar cómo han aprendido a tener un diálogo interno que les permite motivarse, levantarse o reforzarse en cada juego. Los ejemplos más claros son las celebraciones en cada punto o lo que piensan antes del siguiente juego.

5. Rutinas competitivas: en relación con el punto anterior, muchos de ellos tienen también unas rutinas competitivas muy claras. El ejemplo más significativo es Rafa Nadal y sus metódicos movimientos. Se toca la frente, da dos pasitos cortos cuando camina… Todas estas rutinas, aportan seguridad y confianza al deportista, que a través de ese pequeño ritual, percibe una mayor sensación de control y familiaridad.

6. Autoconfianza: para lograr un rendimiento tan alto es importante creer en uno mismo y en sus opciones. Además de algunos de los factores anteriores (que también influyen en la autoconfianza), en este punto, es importante centrarse sobre todo en un adecuado establecimiento de objetivos. Es decir, en no castigar el error y apreciar el éxito y en conocerse a uno mismo para reconocer e intentar imponer los puntos fuertes sobre las debilidades.

7. Trabajo en equipo: la clave está en conseguir que el equipo esté unido y cohesionado, pero sobre todo, que a nivel individual el jugador asuma sus roles y anteponga los objetivos colectivos a los propios.
En este sentido, tenemos dos buenos ejemplos. Por un lado, los jugadores suplentes de la Selección de Baloncesto, que aunque apenas participaron, eran los que más animaban desde el banquillo. Y por otro lado, a Marc López, que fue capaz de asumir su rol secundario en los dobles con Nadal para conseguir el oro en la final.

8. Fortaleza mental: este último componente psicológico tan destacable, es el aspecto que emociona al espectador en cada juego porque ensalza las virtudes del deporte y sus valores. 
Ser fuerte mentalmente está muy alejado de ser insensible o no ser empático. Se trata de ser capaz de anteponerse a cualquier dificultad y enfocarlo como un reto para superarla, responder en momentos de presión y estrés, tolerar la frustración de la derrota y como no, destacar en la ambición por superarse a uno mismo.

El deporte vive en un cambio constante, en un progreso hacia la excelencia individual y colectiva. La competencia cada vez es más voraz y llegar al éxito, un camino más difícil de alcanzar.

Sin embargo, en ese camino, en ese progreso, el psicólogo del deporte empieza a cobrar un mayor protagonismo. Río de Janeiro ha sido el escaparate público a todo un trabajo que se viene ya realizando desde hace tiempo, pero sin duda, debe ser el punto de inflexión para que esta figura pueda ser cada vez más aceptada, reconocida y valorada.

No existe ninguna fórmula mágica para garantizar resultados, pero si muchas horas de entrenamiento, trabajo y toda una serie de herramientas que el psicólogo deportivo (en conjunto con todo el cuerpo técnico de entrenadores, fisios, preparadores físicos etc.) puede aportar para que el deportista mejore sus cualidades, optimice su rendimiento y pueda estar, por tanto, mucho más cerca del éxito. 

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