LA ANSIEDAD COMPETITIVA

29 sept. 2016

A menudo, en el deporte nos encontramos con casos en los que un jugador/a con gran talento, entrena bien y además mostrando un alto nivel, pero cuando llega el momento de la competición, ese “excelente” rendimiento disminuye hasta límites preocupantes e incluso muchas veces, esto se convierte en lesión. 
Cuando esto ocurre, el motivo (a priori) es claro: la ansiedad competitiva. Pero, ¿qué significa este término, por qué ocurre y qué consecuencias tiene para los deportistas? 
La ansiedad competitiva surge como una respuesta de nuestro organismo ante situaciones amenazantes o percibidas como tal y conlleva toda una serie de sentimientos y síntomas físicos y cognitivos desagradables que alteran el funcionamiento normal del deportista. 
Teniendo en cuenta que existen diferentes niveles de activación, la competición tiene la capacidad innata de aumentar ese nivel. Esto puede tener consecuencias positivas ya que nuestro cuerpo, ante esta situación, estará segregando altos niveles de cortisol y adrenalina, y esto provocará una mejora de la atención, de la concentración y de las capacidades condicionales del deportista. 
Sin embargo, un exceso en esta activación provocará la aparición de la ansiedad competitiva, con todas sus posibles consecuencias. 

En este vídeo, vemos como a Kiko Femenía le generó tanta presión la situación (su debut en 1ª División), que acabó por superarle.

CAUSAS Y CONSECUENCIAS
Tomando como ejemplo el vídeo anterior, observamos, entre otras cosas, las consecuencias y los síntomas que puede conllevar padecer ansiedad competitiva: 
*A nivel físico: problemas para respirar, vómitos y mareos, descoordinación en los movimientos y peores ejecuciones, músculos más tensos (aumentando la  probabilidad de lesiones musculares y articulares) y hasta posibles enfermedades. 
*A nivel psicológico: altos niveles de estrés y nerviosismo, incapacidad para concentrarse, peores tomas de decisión y reducción de la confianza por miedo al fallo. 

Hemos visto las consecuencias, pero, ¿cuáles son los motivos o las causas por las cuales un deportista empieza a padecer este síndrome?
*Exceso de presión: estos deportistas soportan unas fuertes y altas expectativas de éxito, a veces autoimpuesta, pero otras veces, desde agentes externos que acaban cargando excesivamente al deportista y llevándole al límite emocional.  
*Miedo al error y gestión de la frustración disfuncional: esta alta presión deriva de la "obligación" por ser perfecto y tener que conseguir siempre el éxito. Es por ello, que el error y la derrota se viven como algo exageradamente dramático. En lugar de eso, el error debería verse como un eslabón más dentro del proceso de aprendizaje y una oportunidad de mejora para situaciones futuras. 
*Orientación de la motivación inadecuada: como consecuencia de todo lo anterior, este deportista, en lugar de entrenar y competir para obtener el premio de la victoria, se enfoca en competir para evitar perder y no recibir los castigos y las reprimendas que normalmente obtiene. El resultado: mucho más miedo en la competición (con todo lo que eso conlleva a nivel de rendimiento) y sobre todo, privación del disfrute. 
*Metas de resultado: la ansiedad aparece ante situaciones que el cuerpo percibe amenazantes y que pueden acabar superándole. En la victoria y la derrota, intervienen elementos que no dependen del trabajo de uno mismo, pues entran en juego muchos más factores. Por eso, en el momento en que tenemos como objetivo un resultado, estamos favoreciendo la aparición de esta sensación. Si por el contrario, nos fijamos objetivos que dependan de uno mismo y valoramos nuestro rendimiento en base a ellos, obtendremos una mayor percepción de control y como consecuencia, esa ansiedad disminuirá. 

Hemos visto a lo largo del artículo que muchos de los síntomas que observamos en deportistas que no acaban de rendir al nivel esperado, pueden ser debidos a algo más que causas físicas. Es importante detectar cuando está apareciendo esa ansiedad competitiva para poder actuar sobre ella, pero sobre todo, para poder prevenirla. 
Para ello, hacen falta más psicólogos en los cuerpos técnicos, pero también, mejores formaciones y asesoramientos a los entrenadores y a los padres, que en definitiva van a ser los grandes pilares del desarrollo deportivo y también personal del deportista en cuestión. 

¡Ayúdemos entre todos a crear climas deportivos de rendimiento, pero por encima de todo, mucho más saludables!

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