FASTER, HIGHER, STRONGER

12 may. 2016

“Más rápido, más alto, más fuerte”, lema de las Olimpiadas que lleva implícito un ideal de superación, que entendido de forma óptima puede derivar en la búsqueda de un crecimiento personal y deportivo, pero que llevado al extremo, puede convertirse en un elemento altamente disfuncional.


Este vídeo es un claro ejemplo de hasta dónde podemos llegar por contentar a ese ego que va creciendo en nuestro interior, un ego que nunca se conforma, y lo más peligroso, que a pesar de todos los éxitos nunca está satisfecho y siempre quiere más y más. Nos hablaba el psicólogo Nathaniel Branden del síndrome de “nada es suficiente”, de esa incapacidad de estar satisfechos con lo que tenemos o con quiénes somos.

Y es que, me reitero, ese afán de superación y ambición puede ser positivo porque nos alentará a crecer, pero siempre aceptando que nuestros límites son reales, que podemos fallar (y aprender de esos fallos), y lo más importante, permitiéndonos disfrutar del camino.

No se trata de conformarnos, sino de encontrar un punto óptimo entre expectativas y realidad que satisfaga nuestras aspiraciones (con un componente de reto y exigencia), pero que a la vez, pueda ser resuelto y nuestra autoestima se beneficie de ello.
Un punto, sobre todo, que nos permita apreciar el éxito, con los dos significados de la palabra:

1. Estar agradecido (lo opuesto a dar algo por supuesto) y poder disfrutarlo.

2. Aumentar en valor (igual que se aprecia el dinero en el banco).

Combinados, estos dos significados apuntan a una verdad que ha sido repetidamente demostrada: cuando apreciamos lo bueno que tenemos, lo bueno aumenta y tenemos más de ello.

Con todo esto, estaremos luchando contra ese “más y más”, contra esa perfección llevada al extremo. ¿Pero qué elementos definen ese carácter?

1. No entender el fracaso como una parte del proceso. El camino difícilmente sigue siempre en una línea recta.

2. La concentración excesiva en conseguir el objetivo, acaba privando de disfrutar consiguiéndolo.

3. Debido a la mentalidad del todo o nada, percibir la crítica como algo potencialmente catastrófico. Aquí, convergen dos mecanismos que llevan a adoptar esta posición defensiva: el deseo de recibir evaluaciones positivas y el deseo de autoafirmación personal.

4. En busca de defectos: la obsesión por los “peros” hace que se concentre toda la atención en la parte vacía del vaso.

5. Dureza con uno mismo y los demás ante los fallos.

6. Rigidez; sólo existe un camino para llegar a la meta.

Como vemos, lo que socialmente (a menudo) está tan bien considerado, llevado al extremo puede derivar en una insatisfacción constante, frustración, baja autoestima y mucho estrés.

Evitemos que la ambición, la exigencia y la superación, puedan llegar a convertirse en una obsesión que controle y condicione nuestras vidas. Estamos a tiempo de darnos cuenta de ello y tratar de luchar contra ese ego insaciable. 

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